Escritura – 10 – El movimiento.

Trabajar el movimiento en el aula de psicomotricidad

Durante los primeros años de la vida escolar de los alumnos es el momento en el que se produce el mayor desarrollo motor.

El movimiento en los niños es absolutamente necesario para su desarrollo y ha de ser adecuado para favorecer el progreso y la maduración intelectual y personal del alumno. Para ello, debe empezar a explorar el espacio que le rodea, a moverse y a relacionarse con él.
Cuando empezaba el curso, utilizaba las primeras clases de psicomotricidad únicamente para observar los movimientos de los niños, cómo se movían en el espacio. Cuando les decía que ocupasen el espacio libre, solían acabar todos juntos en el centro de la clase o pegados a la pared y, excepto los más intrépidos, un número considerable de niños y un número superior de niñas mostraban inseguridad al subirse a un lugar un poco alto o al moverse con soltura caminando sobre un banco sueco.

Esto me servía para hacer una exploración inicial y para apuntar en un registro individual y en otro general los datos que consideraba más significativos y necesarios para, a partir de ahí, iniciar la programación de las primeras clases.

La música es un gran recurso, muy útil para trabajar el movimiento, además del ritmo. Los niños reaccionan de forma muy diferente si escuchan La danza del sable de Khachaturian o Carmen de Bizet que si escuchan La danza del hada golosina de Tchaikovsky o Septimino de Beethoven .

Para hacer estas actividades más lúdicas podemos utilizar cuentos, canciones, historias que conocemos o inventadas (las inventadas es necesario “pensarlas” antes de hacerlas con los niños).

Normalmente, al principio, trabajaba, sobre todo, el esquema corporal y el equilibrio  priorizando la motricidad global y más tarde la motricidad fina.

A continuación, iba ampliando el tipo de ejercicios y, a la vez, procuraba enlazar unos con otros.

Esquema corporal.

Si el instrumento que usamos para hacer estas actividades es el cuerpo, habrá que conocerlo y cuanto mejor lo conozcamos, mejor podremos manejarlo.

Para ello, es necesario que sean conscientes de los movimientos que pueden hacer con las diferentes partes de su cuerpo: cabeza, tronco y extremidades. Los movimientos que hacemos con el cuerpo, brazos, manos y dedos, ¿acaso no nos son útiles para la escritura?, ¿no nos sirven de entrenamiento para esta actividad? Cuando hacemos movimientos circulares con los brazos estirados (derecha-arriba-izquierda-derecha), ¿no estamos trabajando el giro correcto para escribir las letras redondas: o, a, d…?, ¿ no estamos trabajando conceptos básicos espaciales cuando utilizamos con los niños los términos junto/separado o colocarse más lejos/más cerca?, ¿no estamos trabajando la lateralidad cuando les decimos, por ejemplo, “levanta el pie derecho”?

 

TASSET afirmó:

“La lateralización consiste en la aprehensión de la idea de derecha-izquierda, conocimiento este que debe ser automatizado lo más tempranamente posible”.

TASSET, J. M.:“Teoría y práctica de la psicomotricidad”. Paidós Ibérica. 1996

A la hora de trabajar el esquema corporal, debemos comenzar a hacerlo de arriba abajo partiendo siempre de la cabeza hasta los pies; a continuación, las partes centrales del cuerpo y, por último, las partes que están más alejadas del eje central (tronco). Comprobé que si se trabaja de forma ordenada y poco a poco los resultados son mejores. Merece la pena hacer una buena secuenciación de todas las actividades porque las implicaciones educativas que tiene el conocimiento del esquema corporal en lectura y en escritura son muchas y variadas.

Equilibrio.

Para conseguir un buen equilibrio tónico en la marcha, empezamos con ejercicios de este tipo: caminar despacio/deprisa, con pasos cortos/largos, con pisadas suaves/fuertes, caminar con un pie delante de otro, caminar por encima de una tira de papel pegada en el suelo…

Posteriormente,  trabajábamos el  equilibrio tónico en el salto: saltar con los dos pies separados/juntos, con un solo pie; situado el niño en el centro de un cuadrado grande  saltar hacia delante/hacia atrás; a la izquierda/derecha, arriba/abajo con saltos pequeños/  grandes…

 

Circuitos.

Preparaba circuitos utilizando varios tipos de materiales y de ejercicios, alguna vez incluso salían del recinto para completarlo (salir al patio de recreo e ir en línea recta hasta una de las cancelas de salida del colegio para tocarla y de paso mirar “el ambiente” de la calle y volver, era una de las actividades favoritas).

El material para estas clases debe dárseles a conocer  poco a poco y utilizar el que todavía no conocen para motivarlos en futuras actividades. Además del material que se compra específicamente para llevar a cabo estos ejercicios, también se pueden utilizar otros, como por ejemplo, los bloques lógicos (colocados sobre una superficie no deslizante) que me servían para señalar los “caminos” por dónde debían andar o saltar.

No tengo la menor duda de que si quiero trabajar el cuadrado y conceptos como: lados, esquinas, dentro/fuera, alrededor… Si los niños hacen un cuadrado grande con ladrillos o tacos de goma-espuma haciendo cada lado de un color o pintan un cuadrado grande en papel continuo y luego andan por encima de los lados moviéndose dentro y fuera del cuadrado, van a la pata coja de un lado a otro y, de vez en cuando, verbalizan lo que hacen, aprenderán e interiorizarán el concepto de “lado” mejor que haciendo una ficha sentados en una mesa. Tampoco tengo duda de que de esta manera se divierten mucho más.

He comprobado que en bastantes casos (es fácil de observar esto si se lleva un seguimiento de los alumnos) no se consigue una integración real del esquema corporal cuando se termina la etapa de E. Infantil, exactamente igual que ocurre con otros aprendizajes básicos. Por esta razón, hace mucho tiempo que pienso que es necesario trabajar E. Infantil  y 1º y 2º de Primaria en un sólo bloque, con una enseñanza que se lleve a cabo en aulas abiertas, lo más individualizada posible, con clases muy flexibles y con los apoyos necesarios.

Las aulas deben ser dinámicas, estar al servicio de los niños y de su ritmo de aprendizaje. En estos niveles, en los que hay unas diferencias considerables entre unos niños y otros, un aula no puede ser un espacio cerrado donde se mete a los niños a principio de curso (teniendo en cuenta sólo la edad cronológica) y se les mantiene hasta el final de la etapa de Educación Infantil, independientemente de que los niños aprovechen el tiempo, de que se aburran o de que se desmotiven.

El binomio enseñanza –aprendizaje tiene que ser  dinámico, abierto y aglutinador, un eje básico de la integración. ¡Cuántos fracasos empiezan a fraguarse desde aquí!

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