Método al revés de lectoescritura


Orientaciones básicas sobre actividades para trabajar la lateralidad

actividades para trabajar la lateralidad

“Para el niño, el cuerpo es el elemento básico sobre el que realiza el conocimiento del mundo. A condición, como es lógico, de que vaya tomando gradualmente conciencia de su propio cuerpo y de la actividad que desarrolla en relación con lo que le rodea.

Esa toma de conciencia gradual es la que denominamos esquema corporal que es único y propio de cada persona”

FERNÁNDEZ IRIARTE, M.J.: Educación psicomotriz en preescolar y ciclo inicial. Proyecto 5/8. Narcea, S.A. de ediciones. Madrid. 5ª ed. 1990.

Desde mi punto de vista, el objetivo de la educación es pretender el desarrollo de las diferentes capacidades que tiene el niño para llegar a una integración armónica entre las mismas y así favorecer el desarrollo en su totalidad.

Por esta razón, hoy voy a escribir sobre la psicomotricidad. En mi opinión, el trabajo que se puede realizar a través de este campo en los centros, si se hace concienzudamente, puede ser de gran ayuda, porque muchos de estos ejercicios están muy ligados a la lateralidad y a través de ellos podemos ayudar a que los niños desarrollen y consigan lateralizarse adecuadamente. En cuanto a mi experiencia, estoy totalmente segura de que muchas actividades de las que hacemos diariamente en el colegio, como las relacionadas con la escritura o con la lectura, serían más satisfactorias y exitosas si hubieran sido desarrolladas corporalmente con anterioridad, ya que estas experiencias facilitan mucho el aprendizaje posterior. En lo que se refiere a la escritura, se comprueba esto de forma notable. Hago esta afirmación porque he observado cómo los niños mejoran si se trabaja la psicomotricidad de forma sistemática. Desconozco los resultados que se conseguirían si este tipo de trabajo lo llevase a cabo cualquier persona que conociese este campo mejor que yo, pero es obvio que serían más satisfactorios que los míos.

Creo que en E. Infantil deberíamos hacer un esfuerzo mayor del que normalmente hacemos para trabajar esta área. A veces, cuando estaba en este nivel y ahora en Audición y Lenguaje, me encuentro a alumnos con diferentes problemas motrices en la escritura cuyo origen se encuentra, entre otros factores, en las carencias de su educación psicomotriz, por eso opino que sería necesario tratar esta carencia de forma global. No se puede olvidar que muchas veces no tenemos ni un espacio adecuado, ni superficies de diferentes texturas, ni otro tipo de material necesario del que normalmente los centros no disponen. Además, el número de alumnos en E. Infantil tiende a ser muy elevado para llevar  a cabo este tipo de actividades.

Mi postura se centra en  trabajar casi diariamente actividades psicomotoras, sobre todo  en lugares específicos y adaptados pero también dentro del aula, con una programación adecuada que respete las etapas madurativas de los niños, los conocimientos previos, que esté relacionada con las actividades que se están trabajando en clase y que sea flexible.

Si el movimiento es inherente a los niños, ¿por qué no aprovechar esta realidad infantil más de lo que solemos hacerlo para favorecer su desarrollo psicofísico? El niño necesita moverse y vivenciar el espacio que le rodea  para desarrollar su capacidad de orientación, el dominio del esquema corporal, la coordinación viso manual, etc.

La estructuración del esquema corporal se hace paulatinamente. Durante los tres primeros años el niño descubre su cuerpo y va delimitándolo del medio, percibe las partes pero no la unidad. A partir de los tres años y hasta los siete, el niño va construyendo una imagen de las partes pero también una imagen unitaria; será entre los ocho y los doce años cuando el niño alcance la representación del cuerpo en movimiento. 

Experiencia personal.

Voy a hacer referencia a un artículo que leí hace tiempo de la Doctora JoëlleGuitart de Anza, médico terapeuta en psicomotricidad-lateralidad titulada por la Facultad de Medicina de París, después de ver un diagnóstico de una de mis alumnas, en relación a los niños con problemas de lateralidad:

Artículo: ZURDOS Y LATERALIDAD

“La disfuncionalidad en la circulación de los influjos nerviosos produce un rendimiento inferior a su verdadero potencial (por eso en esta situación, no hago caso alguno de los test de inteligencia), se manifiesta en lentitud, falta de concentración o comprensión, bloqueos, problemas para la lectura, calculo, abstracción, elaboración mental, etc.”

Revista VIVE-número 5-Año 1

 

En el libro de Marta Schinca del equipo técnico de C.I.O.S. se pueden encontrar diferentes ejercicios enumerados, bien secuenciados y útiles para ayudar a programar sesiones de psicomotricidad.  Fue de los primeros libros que utilicé hace tiempo cuando empecé a preocuparme por este tema  y cuando no había muchas publicaciones al respecto. En este libro empecé a ser consciente de la lateralidad, de la necesidad de desarrollar el sentido espacial (tarea que es  lenta y laboriosa, que no surge de forma espontánea), pero sobre todo me hizo pensar en las consecuencias negativas que ocasionaban en la lectura y en la escritura las dificultades motrices.

“El comportamiento del niño es perturbado muchas veces por problemas de orden motriz, como, por ejemplo, la incoordinación, la falta de precisión en los gestos producida por fallos en la emisión de las órdenes motoras; la incapacidad para independizar, durante el movimiento, un brazo del otro o de una mano con la otra (sincinesias); incapacidad para disociar miembros superiores de inferiores; la lateralización mal establecida; la imposibilidad de la inhibición voluntaria, la torpeza de movimientos.

Al ir tomando conciencia de su cuerpo con ejercicios especialmente dirigidos a ese fin, el niño adquiere poco a poco el sentido de la lateralidad cuya carencia o descontrol produce también problemas en la estructuración espacial.”

SCHINCHA, MARTA.: Psicomotricidad, ritmo y expresión corporal. Editorial Escuela Española. S.A. Madrid,1980.

Por otra parte, J. Ferré, V. Casaprima y otros afirman que:

“En el diseño curricular de todos los centros de educación preescolar habría que introducir la serie de actividades psicomotrices preventivas…”

En sus dos libros además de orientarnos concienzudamente sobre la lateralidad, nos muestran una serie de interesantes actividades y ejercicios que me parecen muy útiles.

FERRÉ, J., CASAPRIMA, V., CATALÁN,  J., MOMBIELA,J.V. El desarrollo de la lateralidad infantil. Niño diestro – Niño – zurdo. 3ª edi. 2006 Ediciones Lebón. Barcelona.

De los mismos autores: Técnicas de tratamiento de los trastornos de la lateralidad.1º edi.2008.

Como defiendo las aulas abiertas en E. Infantil y en Primero y Segundo de Primaria y que estos niveles deberían formar  un solo bloque, también quiero hacer referencia a la E. Física en Primaria y a uno de los últimos libros que me proporcionó el profesor de esta asignatura en el colegio:

  1. Conocimiento del cuerpo.
  • El alumno debe conocer las partes de su cuerpo mediante el movimiento, de forma divertida y partiendo de las partes alejadas del tronco: cabeza, brazos, piernas…hasta llegar a tomar conciencia de su cuerpo globalmente y a aprender a controlar sus movimientos tanto de forma estática como en movimiento.

Víctor Mazón Cobo, basa su trabajo en el Primer Ciclo de Primaria en el desarrollo de:

  • El conocimiento y control del cuerpo.

  • Respiración y relajación

  • Equilibrio.

  • Orientación.

  • Coordinación óculo manual y dinámica general…

 

“Entendemos como la Educación física busca, ante todo, desarrollar las capacidades motrices del alumno, pero no nos quedamos simplemente en el concepto puramente motricista; yendo más allá, gracias a la Educación Física, el alumno se desarrolla cognitivamente, afectivamente y socialmente.”

Víctor Mazón Cobo identifica como objetivos didácticos:

  • “Identificar y representar partes de su cuerpo: cabeza, tronco, miembros superiores e inferiores.
  • Tomar conciencia de los segmentos corporales: mano, antebrazo, brazo, pie, pierna…
  • Representar los segmentos corporales y sus partes.
  • Representar el propio cuerpo de forma global.
  • Identificar y percibir la movilidad articular.
  • Tener conocimiento y dominio del propio cuerpo (en movimiento y en reposo).
  • Ejercitar la movilidad articular de los miembros superiores e inferiores.

Víctor Mazón Cobo explica claramente el enfoque que se debería dar a los trabajos para que los alumnos alcancen lo que él llama “indicadores de logro”:

  • “Reconoce las diferentes partes de su cuerpo y del de los demás.
  • Toma consciencia de los movimientos de los miembros superiores y eje corporal.
  • Identifica las partes del cuerpo en un dibujo.
  • Identifica las diferentes articulaciones en su cuerpo.
  • Representa su cuerpo de forma global.
  • Mantiene y ejercita la movilidad articular.
  • Desarrolla la flexibilidad muscular.
  • Pasa conscientemente de sensaciones de movimiento a sensaciones de reposo.
  • Moviliza todas las articulaciones de forma consciente”.

MAZÓN COBO, V. y otros (2010): PROGRAMACIÓN DE LA EDUCACIÓN FÍSICA BASADA EN COMPETENCIAS. PRIMARIA. Editorial  INDE. Barcelona.

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Lateralidad 3: La lateralidad mixta

lateralidad mixta

La lateralidad mixta tiene lugar cuando el niño no utiliza siempre la misma mano para realizar todas las tareas que requieren el uso de la misma. Por ejemplo, escribe con la mano derecha y lanza la pelota o abre una puerta con la izquierda. Cuando el niño utiliza unas de las dos manos indistintamente con similar frecuencia, se dice que es ambidextro.

Algo sobre lo que en los centros se ha hablado mucho es de la zurdería contrariada. A menudo, he escuchado situaciones problemáticas generadas por el uso de la mano izquierda al escribir en el colegio y conozco varios casos, entre ellos el de algunas compañeras, que debían utilizar en el colegio la mano derecha para escribir cuando su tendencia era utilizar la mano izquierda para hacerlo. Por lo que a mí respecta, nunca fui consciente de esta situación ni directa ni tampoco indirectamente hasta que empecé a trabajar. En la escuela a la que asistí, este tema nunca se trató, cada uno utilizábamos para escribir la mano que espontáneamente cogía el lápiz y, supongo que así seguiría siendo hasta que nos convertíamos en adultos, o por lo menos ese fue mi caso.

A veces se afirma que aumenta el número de niños zurdos, sin embargo, Ajuriaguerra afirma lo siguiente:

“lo que se comprueba no es un aumento del número de zurdos, sino más bien un aumento del número de los mal lateralizados”.

FERNÁNDEZ, F.;LLOPIS,A.M.,PABLO,C.: La dislexia. Origen diagnóstico recuperación. CEPE, S.L. Madrid.1998.

Por otro lado, ya en 1984, E.  Boltanski afirmaba que “Parece que la proporción de los zurdos, y mal lateralizados haya aumentado en los últimos años. La comparación con una encuesta anterior da las cifras siguientes: en diez años, la proporción de zurdos habría pasado de 5% a más del 8%, mientras que la de los mal lateralizados habría pasado del 5% al 11% aproximadamente (para la etapa de los cinco a siete años).

Los estudios de Tesniere demuestran, pues, claramente que “entre siete y nueve años, asistimos a una lateralización progresiva” y precisamente, en lo que concierne a la mano, a una clara tendencia en la mayoría de los casos, a una dextralización”.

BOLTANSKI, E.: Dislexia y Dislateralidad. Editorial Marfil. Alcoy (Alicante).1984.

 

Mi trayectoria

Cuando ya estaba trabajando y me comentaban una situación de este tipo, dado el esfuerzo y la experiencia tan negativa que supuso para la persona que había vivido esto, decidí que cada niño escribiese con la mano que quisiera para evitar ese sufrimiento. Esta decisión fue tomada en su día sin base alguna y de manera totalmente arbitraria.

De todos modos, este tipo de situaciones que vivía en el aula y que, muchas veces no entendía, hizo que siguiese interesándome en ellas. Por ejemplo, no sabía por qué unos niños me dibujaban siempre los animales hacia un lado y en cambio otros los dibujaban mirando para otro; tampoco entendía por qué había niños que escribían una vez con una mano y otra con la contraria (bien por propia iniciativa, simplemente porque se cansaban o porque pensaban que  de este modo escribirían más deprisa). También me preguntaba por qué a pesar de hacer mucho hincapié desde el principio en el inicio y en la dirección de las letras o números para que ya la primera imagen que  tuviesen  tanto de las letras como de los números fuese correcta, algunas veces  los escribían incorrectamente.

Así que cuando empecé a leer sobre estas cuestiones y pude entender que lo que yo hacía no era ni mucho menos lo que debía de hacer, que tomé decisiones erróneas y que fui consciente de las consecuencias negativas que éstas tenían para mis alumnos, decidí tomar conciencia del problema,  informarme y cambiar mi forma de trabajar.

Recuerdo especialmente cuando leí en el libro que cito al final la frase siguiente:

“Alrededor de un 25% de escolares padece este tipo de trastornos (incluimos niños no lateralizados, cruces laterales y lateralidades contrariadas) y la cifra es suficientemente importante como para que nos planteemos el tema con seriedad”.

No me quedó ninguna duda de lo que debía y tenía la obligación de hacer.

“La vida sigue, el ser humano tiene una capacidad de adaptación enorme, el cerebro posee muchos recursos y sistemas de compensación y, por tanto, no debemos interpretar ni aplicar todos estos conceptos de forma estricta, rígida ni matemática”

FERRÉ, J., CASAPARINA, V., CATALÁN , J., MOMBIELA,J.: El desarrollo de la lateralidad infantil  Niño diestro – Niño zurdo. Ediciones Lebón. Barcelona. 2006

 

 

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Lateralidad 2: lateralidad cruzada

la lateralidad cruzada

El ambidextrismo es la situación más común en los primeros años. En el proceso madurativo de su lateralidad, el niño utiliza una mano o la otra, un pie o el otro… usa indistintamente elementos del lado derecho o del izquierdo precisamente porque todavía no existe una clara dominancia lateral, aunque siempre exista un lado dominante.

En la mayoría de los casos, esta falta de definición va evolucionando y este período queda como un paso más antes de llegar a definir su lateralidad. Hay que tener en cuenta que no todos los niños consiguen los mismos objetivos ni en el mismo tiempo ni en el mismo momento, por lo que es necesario ser cuidadosos con el ritmo de cada alumno y tener en cuenta que los niños pasan por diferentes momentos evolutivos hasta que llegan a definir su lateralidad; además, también debemos tener presente el hecho de que en unos casos los niños llegan a definirla claramente y en otros casos no ocurre lo mismo y siguen manteniendo esta indefinición con el paso del tiempo.

La lateralidad cruzada

La lateralidad cruzada consiste en la dominancia asimétrica. Lo deseable sería que todos tuviésemos una dominancia clara: una lateralidad homogénea, que es cuando mano, pie, ojo y oído tienen una dominancia del mismo lado, ya sea del lado derecho o del izquierdo. Cuando la lateralidad no está convenientemente definida, cuando no hay una dominancia del  mismo lado, se dice que los niños o los adultos tienen lateralidad cruzada.

La lateralidad cruzada ojo-mano: el niño es diestro de mano y zurdo de ojo o al contrario, zurdo de mano y diestro de ojo. Esta situación es la más directamente relacionada con la adquisición de la lectura, de la escritura y con las dificultades surgidas en el proceso de aprendizaje de ambas. Los problemas de la lateralidad no sólo influyen en el aprendizaje de la lectura y de la escritura, tampoco sólo en aspectos relacionados con el rendimiento escolar en general, sino que influyen globalmente en el desenvolvimiento del alumno que la padece, aunque en algunos campos sea más visibles que en otros.

Dado que el desarrollo de la lateralidad es muy complejo, los alumnos deberían ser diagnosticados por personas experimentadas que fuesen capaces de hacerlo de una manera fiable, proporcionando a aquellos profesionales que trabajen con los niños, unas orientaciones claras que sirviesen para llevar a cabo un trabajo de manera conjunta que ayudase a superar las dificultades de estos alumnos.

Yo, sin una orientación previa, no podría llevar a cabo una labor de estas características con un niño que tuviese este tipo de dificultad. Domino un gran número de ejercicios dirigidos a tratar este tipo de problemas, pero no sería capaz de hacer una secuenciación acertada de los mismos, ni de distinguir qué tipo de actividades debería priorizar respecto a otras. Por esta y otras muchas razones, necesitaría ayuda de profesionales de otros campos: neuropsicológico, clínico, optométrico, etc. De esta manera, me sentiría segura haciendo mi trabajo y no me vería atenazada por las dudas que, en situaciones de incertidumbre, me crea el hecho de pensar que lo que hago puede no ser lo correcto.

La lateralización empieza a desarrollarse muy tempranamente en los niños. Martín Lobo, afirma que a los tres meses de edad comienza a observarse la dominancia de la mano derecha y afirma que “Es conveniente conocer la preferencia y la dominancia de ojo, oído, mano y pie desde los 4 años.”

“En nuestro país se habla de cifras muy elevadas de fracaso escolar y estamos convencidos de que más de la mitad de estos niños fracasan porque no han organizado correctamente su lateralidad diestra o zurda”

“Alrededor de los cuatro años, debemos descubrir cuál es el diseño lateral de cada niño, comprobar que este diseño aflore sobre una base de salud física, mental y afectiva y ayudarle a construirse como diestro o como zurdo en un ambiente emocionalmente sano y adaptado físicamente a sus necesidades. Y, siempre que tengamos dudas, el tema es suficientemente importante como para consultar con un profesional experimentado”

“Calculamos que entre un 20% y un 30% de la población llega a edad adulta sin una lateralidad bien desarrollada y eso tiene consecuencias graves, tanto desde el punto de vista personal, como desde el punto de vista sociológico, aunque no seamos conscientes de ello.”

CASPARINA V, CATALÁN J, FERRÉ J, MOMBIELA J.: El desarrollo de la lateralidad infantil Niño diestro-Niño zurdo. Ediciones Lebón S.L. Barcelona.2006.

 

Trabajando la lateralidad en el aula

He comprobado que durante el último curso de E. Infantil, muchos niños consiguen diferenciar “su” derecha e izquierda. Posteriormente saben cuando un objeto está a su derecha o izquierda sin una gran dificultad. Reconocer la izquierda y derecha sobre otra persona es muy difícil para los niños de 5 a 6 años. Piaget afirmaba que la integración del Esquema Corporal Lateralizado no se produce hasta los 10 ó 11 años, cuando el niño es capaz de reconocer la derecha e izquierda en las demás personas.

Cuando comprobaba mediante el seguimiento que le hacía a los alumnos que alguno de ellos no respondía de la forma que me parecía adecuada, pedía ayuda al psicólogo para que le hiciese las pruebas necesarias para determinar si había o no un problema de lateralidad.

Los niños empezaban a trabajar la I-D en su propio cuerpo. Al principio me costó mucho trabajo. Si yo no tenía claro lo que tenía que hacer ni cómo, difícilmente podía transmitir lo que quería enseñar y que mis alumnos se enterasen. La primera rutina que establecía en clase era la postura correcta al sentarse, la prensión correcta del lápiz… y hacía siempre una referencia a la I-D. Como los niños estaban sentados en mesas redondas, cuando yo les decía “Levantamos la mano D.” la clase era un descontrol tal que pensaba que nunca serían capaces de aprender cual era su mano D. Después leí en algún sitio que podía ser útil hacer en la mano D. una señal. El resultado era el mismo, cuando se olvidaban de la señal, cada uno levantaba la mano que le parecía. Otras veces alguno lo hacía bien pero cuando miraba al niño que tenía enfrente, como éste había levantado la contraria, cambiaba. Después de un tiempo considerable y de haberme desesperado unas cuantas veces comprobé que cuando hacía el mismo ejercicio con toda la clase de pié y mirándome a mí, los resultados eran bastante mejores. También comprobé que funcionaba mejor cuando me colocaba de espalda (todos en la misma dirección) en vez de hacer los ejercicios enfrente de ellos utilizando la mano (en este caso) contraria a la que utilizaban ellos.

Precisamente trabajando la lateralidad aprendí lo importante que eran las “referencias” como en casi todos los aprendizajes. Cuando estaban todos sentados o de pie pero en la misma dirección y tenían siempre las mismas referencias: la pared, los dibujos, la puerta, ventanas…se orientaban muchísimo mejor. De este modo, la derecha de todos estaba siempre del mismo lado. Al orientarse correctamente la mayoría de la clase, cuando alguno se equivocaba, rectificaba rápidamente y se corregía solo al ver a sus compañeros. Yo era incapaz de trabajar este aspecto cuando cada uno estaba orientado de una forma diferente. También funcionaba el hecho de que verbalizasen lo que hacíamos sólo cuando tenía la seguridad de que habían entendido perfectamente lo que tenían que hacer. De este modo la verbalización servía de apoyo positivo, de refuerzo.

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La lateralidad (1)

la lateralidad

Voy a escribir sobre la lateralidad desde el punto de vista educativo basándome en cómo la trabajaba en el aula de Educación Infantil y ahora en la de Audición y Lenguaje.

Sobre los factores neurológicos relacionados con la lateralidad, no puedo dar mi opinión por desconocimiento.

Es necesaria la concurrencia de profesionales de diversas disciplinas: neurología, optometría, psicología, etc. además de todos los profesionales dedicados a la educación relacionados con el alumno para poder acceder a un diagnóstico fiable y completo por varias razones. La primera, porque el desarrollo de la lateralidad infantil es un proceso muy complicado en sí mismo y con diferencias notables entre un niño y otro; la segunda, porque tenemos la obligación de alertar de las situaciones que puedan entorpecer el desarrollo escolar de nuestros alumnos e intentar ponerles remedio dentro de nuestras posibilidades.

Los diversos profesionales que han estudiado y se dedican a diagnosticar y trabajar este campo de la lateralidad coinciden en la necesidad de realizar un diagnóstico precoz a los niños que presentan  este tipo de dificultades, aunque no recomiendan hacerlo antes de los cuatro años.

Cuando descubrí que existía otra realidad diferente de la que yo creía y de las implicaciones educativas de la lateralidad, empecé a interesarme por este tema. Busqué información sobre el mismo y decidí utilizar un baremo basado en AUZÍAS  porque lo encontraba fácil de entender y de aplicar. Así que decidí llevar a cabo un registro de los niños de E. Infantil en el que apuntaba el ojo, oído, mano y pie predominante, y el porcentaje de ítems que realizaban con el lado dominante. Las pruebas que les aplicaba no creo que las hiciera muy mal pero, con toda seguridad, la interpretación que hacía de las mismas, dejaba bastante que desear.

En tercer lugar, porque creo que para la mayoría de los maestros entraña bastantes dificultades percibir este tipo de situaciones. Para detectar un problema de lateralidad antes de que se produzca un fracaso, es necesario analizar muchos campos sobre los que no tenemos demasiados conocimientos (ésta es, al menos, mi situación).

“…los alumnos con dificultades de lateralidad, tienen gran voluntad y ponen mucho esfuerzo en el estudio, pero “el tiempo les cunde poco” y les es costoso culminar con éxito sus tareas escolares… Muchos de ellos no han tenido la oportunidad de que los educadores descubrieran sus dificultades y se resignan, junto con sus padres, a realizar un enorme esfuerzo personal en el aula y en su estudio personal, pensando que, en su caso, es un reflejo de su falta de capacidad intelectual”

MARTÍN LOBO, Mª. P.: La lectura. Procesos neuropsicológicos de aprendizaje, dificultades, programas de intervención y estudio de casos. Barcelona. Ediciones Lebón, S.L.

La dominancia lateral de un niño se define por el uso dominante de su mano, ojo, pie y oído. Lo deseable es que tengan una lateralidad homogénea, es decir, que utilicen la mano, ojo, pie y oído del lado derecho en el caso de los diestros, y en el caso de los zurdos, que utilicen el lado izquierdo.

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