Enseñar a leer y escribir a un niño en una lengua distinta a la materna

enseñar a leer en una lengua distinta a la materna

Hace unos días recibí en una de mis entradas la siguiente consulta:

Hola, quería preguntarte qué opinas sobre enseñar a un niño a leer y a escribir en valenciano no siendo ésta su lengua materna. Gracias. Tere.

Debido a la longitud de mi respuesta y la importancia de la consulta he querido dedicarle una entrada.

¿Es adecuado enseñar a leer y escribir a un niño en una lengua distinta a la materna?

“La lectura y la escritura resultan ser estrategias complejas, aun para la mayoría de los niños que aprenden a leer y escribir sin dificultad.”

RIVAS TORRES, ROSA Mª. ; FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, PILAR. Dixlexia, disgrafía y disortografía. Madrid: Ediciones Pirámide, 1998.

 

“De todos los factores que influyen en el aprendizaje, el más importante consiste en lo que el alumno ya sabe.”

AUSUBEL.

Suscribo plenamente estas palabras, porque es evidente que las mismas nos llevan a reflexionar sobre las dificultades que entraña enseñar/aprender a leer y escribir de forma correcta, y a ser conscientes de la necesidad de utilizar adecuadamente todos los medios que están a nuestro alcance para conseguirlo.

Desde mi punto de vista, los niños deben aprender a leer y escribir en su lengua materna. Apoyo esta afirmación basándome en dos pilares básicos:

  1.  Mi propia experiencia académica.
  2. Mi experiencia en el aula, laboral.
[piopialo vcboxed=”1″]Los niños deben aprender a leer y escribir en su lengua materna[/piopialo]

 

Experiencia académica. Cuando empecé el colegio, únicamente me expresaba en gallego: lo hablaba con mis padres y con todas las personas que me relacionaba. Cuando llegué a la escuela, debía utilizar el castellano para comunicarme (esto es una forma de hablar porque ya me dirán qué puedo comunicar con 5 años en una lengua que desconozco) y para aprender a leer ya que el libro (sólo había uno para todo) estaba en castellano y cuando las palabras no eran iguales o muy parecidas al gallego no entendía nada ( la comprensión de lo que leía, no hace falta que lo explique y el interés que podían despertar en mí esas lecturas iban en la misma línea). Todas las actividades que se hacían dentro de clase que considerábamos importantes, eran en castellano.

Por otro lado, cuando hablábamos en clase o intentábamos solucionar algún problema entre nosotros, durante el recreo o cuando dejábamos la puerta de la escuela para irnos a casa, siempre utilizábamos el gallego, no se hablaba otra palabra en castellano hasta el día siguiente.

Yo era una privilegiada porque como todos los niños hablábamos gallego, no tenía problemas para comunicarme con ellos pero, en otros casos, resultaba complicado asimilar que lo que escuchabas en tu casa no era “lo correcto”.

Muy fácil no debieron resultarme mis primeras lecturas, porque el único recuerdo nítido que conservo acerca de mi experiencia lectora es una trifulca que tuve un día sentada con mi madre en la cocina, empeñada en que leyese “la cartilla” y yo no sabía leerla.

Estoy totalmente convencida de que el hecho de no haber utilizado el gallego en mis aprendizajes básicos, en la escuela, me perjudicó en muchos aspectos y que las consecuencias de esta situación, que yo considero un despropósito, las arrastraré durante toda la vida.

Además de mi experiencia, también pienso que:

  • La escuela tiene que adaptarse al niño, no al contrario.
  • Cualquier aprendizaje, debe partir de los conocimientos o experiencias previas.
  • Todo conocimiento debe construirse a partir de la lengua materna.
[piopialo vcboxed=”1″]La escuela tiene que adaptarse al niño, no al contrario[/piopialo]

 

Aquí podríamos hacer un apunte:

“…la lectura formal emerge y se configura por la interacción de las habilidades cognitivas con los métodos pedagógicos y las oportunidades que aporta el ambiente familiar, proceso que empieza cuando los niños y niñas aprenden a hablar” (Acosta et al.,p.87).

Guía de buenas prácticas. El profesorado ante la enseñanza de la lectura. Gobierno vasco.

  • La finalidad, por excelencia, del lenguaje es la comunicación, con lo que si el mensaje que se quiere transmitir no llega con claridad al receptor, el niño no lo entiende, se queda atrás y pierde el ritmo de la case, produciéndose así la paradoja de que el niño que más necesita hablar, es el que menos interviene.
  • Si, como afirma Luria, el lenguaje es modulador de la conducta, y desde mi punto de vista sí lo es, me pregunto, en mi caso y con este lío, ¿Cómo moderaría la mía?

En cuanto a la experiencia en el aula, todos los maestros somos conscientes de las dificultades que entraña para los alumnos el poco dominio del idioma que se utiliza en clase en todas las áreas.

Alguna vez he pensado que el hecho de que me encante utilizar ilustraciones en los libros de mi método de lectura pueda deberse, en parte, a una reminiscencia de mi pasado escolar, al haber leído textos que no entendía. Para evitar esta situación utilizo las ilustraciones como un medio de favorecer la comprensión.

“El niño, para quien el aprendizaje de la lectura habrá sido largo, penoso, erizado de dificultades, que habrá conocido la sucesión de métodos y la pesadez de las reeducaciones, no gustará de ella lo suficiente como para volver libremente y por propia iniciativa a lo que tantos esfuerzos le exigiera y tantos fracaso supusiera”.

JOLIBERT, J.; GLOTON, R. El poder de leer. Barcelona: Editorial Gedisa, 2013.

El último artículo que he leído sobre este tema: “La lengua materna sigue afectando al desarrollo tras años sin hablarla”.

EL PAÍS. 11 Diciembre 2015

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